Hora


Para quienes han sellado pactos con la eternidad, invocando dioses del abismo y sombras milenarias para cumplir una promesa más grande que la vida. Para quienes caminan hacia el descenso con el pecho guardando un amor truncado, sabiendo que a veces el sacrificio último es la única forma de consagrar lo que nunca pudo ser. Que estos versos sean la crónica del juramento que une el destino a la oscuridad, y convierten el adiós en un acto de entrega sagrada donde el alma, encadenada, se vuelve guardián eterno de la luz que amó.


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